En este momento la vida me está haciendo señales y no son de humo.
Ya no me defino como fumandoespero, porque no fumo y no espero: ahora estoy.
Han sido unos años duros, el tumor aparecía una y otra vez pese a las operaciones, llamaba mi atención para que escuchara su mensaje, ahora ya lo estoy empezando a entender: lo pequeño refleja lo grande.
De cada una de las moléculas de las células de mi cuerpo está saliendo el mismo mensaje que se repite una y otra vez: la sanación es posible, pero para llegar hasta ella el proceso ha sido duro, como el de un malestudiante que se estudia siempre los mismos apuntes caducos y no para de suspender.
Yo he tirado a la basura los apuntes viejos y estoy yendo a clase, me siento en primera fila, mis lápices están ordenados en el pupitre, escucho con atención sin permitir que las dudas de los demás me alteren, tomo nota con letra clara de cada nueva explicación y entiendo de forma abstracta lo que me dice la maestra, no busco destacar en la nota frente a los demás, sólo quiero aprenderlo todo para no repetir nunca más este curso, para que de verdad me esté calando hondo el mensaje, luego cuando llego a casa hago los deberes saboreando el momento, no tengo prisa, ni ansiedad, ya sé que la clave para concentrarme en sentirme en paz conmigo, así que me perdono los suspensos del pasado.
Estudio con amor y así me sano...